Una investigación
ha rescatado del olvido una libreta que relata las vivencias de un cachonero en
la Guerra de África. Se trata de Rafael Navarro Tovar, quien vivió en primera
persona los acontecimientos bélicos de principios del siglo pasado en el continente
vecino. El trabajo ha sido llevado a cabo por su nieto, Jesús Ortega Navarro,
colaborador de la Asociación Cultural Lieva, quien ha impulsado el estudio
sobre el cuaderno, que está fechado el 3 de octubre de 1923 y narra la Campaña
en África desde el 28 de julio de 1921 hasta el 18 de octubre de 1922.
El documento
comienza con una cita sobre su contenido, “Esta libreta contiene todo lo que me
ocurrió mientras estaba cumpliendo el servicio militar, que es algo histórico,
por el motivo de que estábamos en periodo de Guerra”, y continúa con el propio
nombre del autor y los datos del lugar donde servía, el Regimiento de
Infantería Cuenca Nº 27, 3ª Compañía, Vitoria.
El militar describe
la salida desde Vitoria, el embarque en Bilbao hacia tierras africanas y las
fatigas pasadas en el campamento, durmiendo en el suelo y con muy poco agua para
beber. Larache y Nuade fueron sus primeros destinos, con marchas de hasta 25
kilómetros diarios y “un calor que nos quemaba”. Según su testimonio, “la sed
era más temida que la muerte”, por lo que cambiaban el agua por vino y se
adentraban en territorio enemigo en busca del líquido elemento.
El 29 de agosto de
1921 llegaron a Nevada y a los dos días de estar en este campamento tuvieron la
primera escaramuza bélica. Se oyó un tiroteo en el Río y “era que estaban
atacando los moros a la cuarta Compañía que se encontraba en el Río, a unos dos
kilómetros del Campamento”. Fueron a ayudar a los compatriotas, pero “por
pronto que acudimos en defensa de aquellos pobres que se encontraban en el Río,
ya cuando llegamos nosotros, los moros habían hecho de las suyas. Llegando
nosotros ya vimos allí los muertos y heridos, y algunos pobres que murieron
desnudos porque se estaban lavando las ropas”.
En este Campamento
estuvieron desde el día 29 de agosto hasta el día 9 de noviembre, a pesar de
que había constantes ataques enemigos y de que “el agua estaba muy escasa y muy
lejos, lo cual era la causa de que cayéramos tantos malos. Había veces que
teníamos que beber barro por agua”.
Estuvieron
posteriormente en el campamento ‘Ras Renel’ y en Larache, saliendo el 15 de diciembre
para las primeras operaciones de Berbel. Se cuenta lo allí sucedido, con
enfrentamientos con los marroquíes, saliendo a las cinco de la mañana y sin
poder retirarse “hasta las ocho de la noche, porque el enemigo era numeroso,
sin poder utilizar los cañones y llevando de noche a los heridos y muertos en
camilla sin poder ver nada. “Los oficiales iban delante de nosotros encendiendo
cerillas y dándole fuego a las matas para que nosotros pudiéramos ver, continúa
Navarro, y gracias que aquella noche no nos atacaron, porque el enemigo
estaba bastante retirado, que si no nos
hubieran matado, porque no sabíamos ni por donde andábamos. Por fin, pudimos
llegar al Campamento a las diez de la noche, muertos de cansados y todos llenos
de fango”.
Tras muchas idas,
venidas, caminatas y campamentos recorridos, llegaron a Muire, donde
permanecieron hasta el 21 de enero. El combate más feroz fue el 18, en que “las
balas llovían de todas partes y no dejaban de caer mulos y caballos muertos, y
mucho heridos”. El relato es estremecedor, ya que se indica que “aquel día fue
uno de los peores de la Campaña, las balas pasaban encima de nosotros, ya no
pensaba uno en la muerte ni en nada.Por fin, pudimos hacer la retirada a las
siete de la tarde; que bien creíamos que tenía que ser más tarde. Llegamos al
campamento muertos de cansados, con cerca de once kilómetros de camino que
había de la línea de fuego al campamento y con un muerto a cuestas. Estaba casi
lloviendo, todo el camino lleno de fango. Llegamos al campamento descalzos
porque las alpargatas se nos salían de los pies. Tuvimos que dormir en suelo
pelado, y la ropa se nos secaba encima, porque no teníamos otra que ponernos”.
Posteriormente, el
23 de enero marcharon al campamento de ‘Frata’, dónde “pasamos los peores días
de la campaña” por el frío y la lluvia, estando “los caballos y las bestias a
la intemperie, así que toda el agua les caía encima, y todas las mañanas
aparecían bestias muertas, y siempre estábamos mojados y sin más cama que el
suelo. Muchas noches teníamos que dormir
sentados porque el agua se metía debajo de la tienda y el viento tiraba las
tiendas”.
Los nombres de
campamentos y posiciones se suceden en las páginas, nombrándose lugares como ‘Zefe’,
‘Alcaza’, ‘Nuade’, ‘Teceni’ o ‘Megare’,
donde volvieron a experimentar nuevos sufrimientos. El texto dice que “en este
Campamento pasamos nueve días muy malos, ya que no salíamos de las tiendas nada
más que para comer y hacer el servicio. No cesaba de llover y teníamos que
salir a comer descalzos, porque había un fango que llegaba a las rodillas. Ni
los rancheros podían hacer de comer, porque la cocina estaba a la intemperie y
se apagaba la lumbre. Así que muchos días teníamos que pasar con una latita de
sardinas”.
También se nombran
tropas amigas con las que Navarro coincidió, como el Batallón Bailén Nº 24, la
Compañía de Cazadores, los Regulares de Ceuta o el Batallón de Figueras Nº 6.
Estuvieron en la
zona de García Aro, en primera línea de fuego, desde el 10 de mayo hasta el 3
de octubre, y, a pesar del peligro, fue “una buena posición porque tenía
terreno despejado y había muy poco monte, y la aguada también estaba cerca”.
Vivió la toma de Tasaro el día 12 de mayo, pero tuvieron suerte de que en cinco
meses que estuvieron en la zona no hubo enfrentamientos armados. En ‘Fajaberda’
se mantuvieron hasta que volvieron a España desde Larache el día 14 de octubre
de 1922.
Antes de salir de
allí “nos tuvieron que vestir de nuevo, porque con ocho meses que llevábamos en
el campo, llegamos desnudos”. La partida estuvo repleta de emociones, con
música y celebraciones hasta embarcar en el ‘Marques del Campo’, buque que, cuatro
días después, les desembarcó en Pasajes el 18 de octubre. La llegada al cuartel
en Vitoria fue igualmente emocionante, con bandas de música, cohetes y vítores.
En la Plaza de la Virgen Blanca recibieron
un sermón religioso y tuvo lugar un desfile por la calle Dato, abarrotada de
público.
No obstante, a
pesar del recibimiento, Navarro reconoce que “nuestra emoción y nuestra alegría
era mayor por encontrarnos ya en nuestra tierra, y estar fuera de tantos moros,
y dejar de pasar fatigas, y encontrarnos con nuestras camas”.
El resumen que hace
el militar cachonero es que “ya nos vemos fuera y libre de aquello y lo pasado,
pasado está. Peor han escapado aquellos pobres hermanos nuestros que después de
pasar tanto se quedaron enterrados en aquel campo africano para toda la vida”.
Finaliza la libreta
afirmando que “esto es para el que lo pasa como nosotros lo hemos pasado, que
el que no lo pasa, no se lo cree, como yo no me lo hubiese creído si no lo
hubiera pasado. Mucha suerte tiene el que vive esto y lo puede contar después
de verse ya en España. Porque allí lo que no pasa en tres años, puede pasar en
un día. Así que hasta que no está uno en España, no puede decir cumplido estoy”.
El colofón a este
manuscrito es el poema “Adiós Larache maldito, matadero de españoles, que tienes
el campo regado con sangre de españoles y tienes un cementerio en todas tus
posiciones". La labor de Jesús Ortega rescatando esta libreta y
transcribiéndola no se limita a dejar constancia del sufrimiento de su
antepasado, sino que ha ido más allá, buscando fotografías de su abuelo y
preguntando por anécdotas y vivencias de su familia. De esta forma ha podido
averiguar que su bisabuela, la madre del héroe, no se acostó en su cama durante el año largo que
permaneció su hijo fuera de casa. Todo este tiempo durmió en el suelo,
esperando el regreso de su vástago, y trabajando para donar el dinero conseguido a los más necesitados del pueblo.



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