La Sierra muestra una gran cantidad de imágenes
peculiares en cualquier época del año. En estos días finales de mayo, podemos
admirar la ‘nevada serrana’, como podríamos denominar a la caída de las pelusas
procedentes de especies como chopos o álamos.
En lenguaje coloquial, los serranos llaman a este
fenómeno ‘espelechar’, y se produce cuando los chopos hembra expulsan
sustancias blancas que inundan los campos de la comarca.
En realidad, estas pelusas se llaman vilanos, y han
dado pie a numerosas interpretaciones. Hay muchos que los consideran molestos e
incluso productores de alergias, pero no es así. Se trata de semillas que
forman parte de la fisonomía de estos árboles desde abril hasta junio. El polen
va cubierto del vilano y, en un proceso denominado ‘anemofilia’, viaja por el
aire para fecundar a las flores femeninas.
Precisamente, la pelusilla que recubre a la semilla
tiene como función asegurar que el viento podrá esparcirla por doquier, por lo
que estos árboles se reproducen a un ritmo muy alto.
Los ‘copos de algodón’ cubren los suelos en zonas donde
crecen las especies que los producen. Fundamentalmente cerca de cursos de agua
y riberas, los chopos y álamos se expanden y ofrecen sombra protectora,
formando las frescas ‘chopeas’.
Aunque los vilanos no produzcan alergias, sí presentan un
peligro potencialmente importante, debido a su alta inflamabilidad. Prenden con
facilidad, por lo que es fundamental actuar con cautela en sus inmediaciones.
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