El cerro donde se ubica la
Ermita de Santa Brígida resulta indispensable para la identidad cachonera.
Elementos religiosos, agrícolas, festivos, históricos y sentimentales se unen
para que este lugar forme parte de la esencia de Galaroza. Es allí, donde los
vecinos se han concentrado, un año más, para celebrar la tradicional fiesta del
Huevo y el Bollo. La conmemoración consiste en una merienda campestre que se
desarrolla en los alrededores del Cerro desde el que se domina el valle del Múrtiga.
Se trata del último acto de
la programación de Semana Santa preparada por el Ayuntamiento, la Parroquia y
los colectivos vecinales, junto a la misa del lunes en el mismo lugar. Significa la antesala de la Jira, que tendrá lugar el
Lunes de Pascua y que llevará a las familias a celebrar un día en el campo.
Anteriormente, se iba al sitio de ‘El Agrión’, aunque con posterioridad, cada
grupo elegía un lugar distinto. Hoy se escoge el Área de Recreo de ‘El Talenque’,
junto a Navahermosa.
La fiesta está centrada en
la rosca y el huevo cocido, que sirven como excusa para la reunión de
familiares y amigos en torno a una ocasión especial. Desde siempre, los niños
pintan las cáscaras de sus huevos con los más fantásticos colores y dibujos,
rivalizando en originalidad e imaginación.
Se dan cita en la
celebración numerosas reuniones en torno a cualquier olivo o alcornoque de los
que pueblan los pies de la ermita. Hay lugar para los saludos, los
reencuentros, la devoción por la tradición y hasta para el juego, ya que surgen
diversas actividades populares que hacen las delicias de pequeños y mayores.
Las primeras menciones de la
fiesta datan, según Emilio Rodríguez Beneyto, de finales del siglo XVII, aunque
es muy posible que sus comienzos se sitúen más atrás en el tiempo, pues la
comida en el cerro el domingo de Pascua surge como consecuencia de la función
religiosa que se le hacía al patrón de la ermita, que entonces no era Santa
Brígida, sino San Ginés. Hoy, la imagen de la santa procesiona por los alrededores
de la iglesia para, posteriormente, bendecir los campos de Galaroza, en una
petición de protección para los cultivos de la población.
El edificio, que puede datar
de los siglos XIV al XVI, es una ermita de repoblación castellana que forma
parte fundamental del patrimonio cachonero y serrano. Tanto a nivel histórico,
como monumental y paisajístico, la iglesia es lugar imprescindible en cualquier
visita a la localidad, ya que desde ella se disfrutan vistas espectaculares de
la Sierra.
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