El tejido social
y humano de la comarca de la Sierra está plagado de ejemplos que muestra a
diario su compromiso con los que peor lo pasan. Los vecinos, las entidades, se
esfuerzan por aportar solidaridad a las personas que atraviesan malos momentos,
sea aquí, en su entorno, como en cualquier lugar del mundo. Una de estas
ciudadanas solidarias es María Teresa Domínguez Rodríguez, quien recientemente
ha sido galardonada con el premio Villa de Aroche de bienestar social.
Ella forma parte de la Asociación
Solidaria Pachamama, una pequeña ONG nacida en Cádiz en 2008, fruto de un
máster de cooperación al desarrollo. Principalmente, cuenta con
autofinanciación a la hora de realizar algún proyecto, mediante sistemas como
tómbolas solidarias, rifas de camisetas, abanicos, pen drives y todo lo que encuentran
vendible, aunque a veces presentan algún proyecto a instituciones públicas para
financiar algún trabajo de mayor envergadura. Lo que siempre establecen es la financiación
personal de cada voluntario de sus gastos en el viaje.
Se han dedicado a proyectos de
cooperación principalmente en Nicaragua, en la isla de Ometepe, en una pequeña
comunidad sin recursos, construyendo infraestructuras entorno al colegio de la
comunidad, mejorando así el techo del colegio, construyendo un camino asfaltado
de acceso al cole ya que las lluvias tropicales hacía imposible para los niños
ir a la escuela por el camino que tenían, así como encauzando el camino de las
aguas con diferentes obras. También se construyó un parque infantil y
finalmente una pista deportiva, que además usaría la comunidad como plaza de
encuentro y para secar el café y el arroz. Su trabajo también se desarrolla en
España, dedicándose a la educación para el desarrollo en colegios y a la sensibilización de la población, sobre todo
mediante documentación fotográfica. También trabajan con mujeres y niños
haciendo talleres.
Debido a la situación que se está
viviendo en Europa con la crisis de Refugiados, decidieron recaudar dinero y
trabajar en el norte de Grecia, en la frontera con Albania, en dos campos, con
población siria, yazidies del norte de Irak, una minoría religiosa marginada en
su país de origen por los musulmanes y también en los campos en Grecia. Además,
había población afgana marginada, pakistaníes y palestinos. Han cubierto necesidades
básicas identificadas en el terreno, y también se han dedicado a la parcela
educativa, enseñando principalmente inglés, trabajando con las mujeres en salud e
higiene femenina y haciendo actividades lúdicas con niños y adolescentes.
Ahora, ya en España, se están dedicando
“a difundir la situación que están viviendo los refugiados, la parálisis de las
instituciones europeas con la violación de los derechos humanos y animando a la
gente a través de la sensibilización, a presionar y manifestarnos demandando la
acogida de las personas que huyen de la guerra y el horror”.
Según Teresa, “en mis experiencias como solidaria y cooperantes en el
mundo, lo que más vida me ha dado tanto en cooperación como en ayuda
humanitaria han sido por supuesto los niños, ya que ellos te enseñan el amor a
la vida a pesar de lo que te toque vivir, y es la mayor lección que me he
llevado siempre en mi trabajo con la ONG”.”Las sonrisas eternas que te regalan
y te sacan son las más bellas y puras que nunca he visto y sentido”, añade.
De su estancia en Grecia destaca
que “hay recuerdos de miradas que
todavía me parten el corazón y hacen que se me encoja, esas miradas de las personas
adultas, y sobre todo los más mayores de las familias, las que lucharon en su
vida incansablemente y ahora tienen que huir y muy posiblemente morir fuera de
su tierra y su casa”. Lo que más le impactó, “y aún me sigue hiriendo el alma y
la consciencia al recordarlo, es el despojo de esas personas de su dignidad, y
yo reflexiono sobre ello, y pienso lo duro y difícil que es para un ser humano
vivir sin dignidad y sintiendo vergüenza de pertenecer entonces a la sociedad
europea a la que pertenezco y estar gobernada por estos líderes que van a dejar
esta huella en la historia de nuestro tiempo”.
En el país heleno trabajó con la
comunidad yazidíe, “y me encantó la alegría que desprendían, nos enseñaron a
bailar su música, por cierto un baile muy peculiar donde bailan todos juntos y
de la mano; algo en lo que insistían todo el tiempo, y que nosotros aceptábamos
de muy buen agrado era invitarnos a comer y cenar con ellos, querían darnos lo
poco que pudieran ofrecernos y por supuesto sentir, que somos iguales aunque
desgraciadamente no tengamos los mismos derechos”.
Teresa es también emprendedora, y
ha creado una línea de productos naturales aplicados a la cosmética y la
higiene que quiere volver la vista al campo y a lo saludable. Su iniciativa ‘Alambique’
muestra, por tanto, el mismo carácter de autenticidad que esta serrana pone en
práctica en sus actuaciones solidarias.


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