Segunda entrega del 'Palabrario Serrano', gracias a Francisco Núñez. Hoy: 'Atacarse'.
La Sierra es
aún, afortunadamente, un lugar de libertad para los niños, a los que se les
puede ver jugar despreocupadamente hasta bien caído el sol en cualquiera de las
plazas de nuestros pueblos. Hoy, más que ayer, crecer en un ambiente natural y
en general menos expuesto a los “peligros” de la ciudad y de los grandes
pueblos dormitorios que rodean las capitales de provincia de nuestra región es,
sin lugar a dudas, un bien que no se valora lo suficiente, sobre todo por esos
padres que sufren del mal de la “sobreprotección” y ven gigantes allí donde
sólo hay molinos de viento.
Correr libremente pueblo arriba y pueblo abajo es
uno de los más bellos recuerdos que guardo de mi infancia serrana, y el camino
de la ermita de Santa Brígida, los Riscos Altos o las intrincadas callejuelas
del “pueblo abajo” de Galaroza fueron el campo de batalla donde se fraguaban
nuestras victorias y nuestras derrotas. Una infancia, desgraciadamente, casi
perdida para nuestros hijos, que forzados por los tiempos caníbales en los que vivimos,
pasan rápidamente de la más tierna infancia a una adolescencia precoz que les
fuerza a competir con sus amigos en ver quién tiene el móvil más moderno o
demostrar un comportamiento más propio de jóvenes decadentes que de niños en
edad de jugar a los “bolinches”. La frase que ponía fin a mis correrías y que
está grabada en mi memoria (y en numerosas ocasiones marcada a manotazos en mi
trasero) era: '¡Atácate, que vienes hecho un farraguas!'
El D.R.A.E.
recoge “atacar”, usado sobre todo pronominalmente “atacarse”, con el
significado de “atar, abrochar, ajustar al cuerpo cualquier pieza del vestido
que lo requiere”. Podría tratarse de un arabismo, derivado del árabe hispánico
tákka, variación del árabe clásico tikkah, que indicaba una ‘cinta para sujetar
una prenda’. No del árabe peninsular sino vocablo puramente castellano le
parece a Corominas, que circunscribe su uso sólo al castellano, en concreto a
Andalucía, y al catalán de Valencia (por otro lado, zonas fuertemente
arabizadas). Aún indicando la dificultad para encontrar su origen, prefiere
derivarlo de “taco” en el sentido de ‘botón’, dado que en la antigüedad los
botones eran semejantes a un zoquete o tarugo. No obstante, dado que “atacar”
se usa exclusivamente en referencia a un vestido y nunca en el sentido general
de ‘atar’, es más que probable que su origen sea el mencionado arabismo
hispano.
Bien diverso es
el origen de “farraguas”, voz de origen salmantina o extremeña que indica un
‘muchacho travieso, mal encarado’, y de ahí el aspecto propio del mismo. Alvar,
en su Tesoro léxico de las hablas andaluzas recoge “farranguas” como
‘desaliñado, adán’, y lo circunscribe a Los Pedroches, en Córdoba. Su origen,
sin embargo, parece estar más en el occidente que en oriente, pues puede estar
relacionado con el término “farra”, ‘algazara, juerga, parranda’, del vocablo
portugués del mismo significado “farra”, del que derivan términos como
“farragem”, ‘conjunto de cosas mal ordenadas’, y “farrapâo”, ‘individuo
andrajoso, vestido de harapos; indigente’.
Este es precisamente su significado en nuestra sierra, por lo que el
lusismo parece confirmarse.
Es curioso, pero
en esta frase de mi infancia se recoge todo el legado lingüístico de la sierra:
los árabes, los castellanos y los portugueses…
Francisco Nuñez

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