La artesanía en la Sierra abarca muchos
ámbitos. No sólo la alfarería, la cestería o la ebanistería forman parte del
patrimonio serrano, sino que también el arte y el buen hacer de sus habitantes
se extiende a otras áreas como el empedrado.
Las calles de cualquiera de nuestros pueblos son verdaderas
alfombras pétreas que muestran la profesionalidad de los empedradores de la
tierra, que han hecho de sus vías de comunicación una manifestación
artística.
Al viario habitual por el que circulaban burros y vecinos, hoy
ocupado mayoritariamente por vehículos, se suman empedrados decorativos que
ocupan lugares emblemáticos en las calles.
Tanto dentro como fuera de las puertas de acceso a las casas, se
ubican numerosos cuadros adornados con piedras de diversas tonalidades. Los
exteriores forman los famosos 'llanos', que todavía se conservan en algunas
localidades, como en Linares de la Sierra.
Sus motivos decorativos son muy diversos, como ya estudiase el
añorado profesor José María Medianero. Los hay vegetales, geométricos,
indicativos de la profesión del morador de la vivienda, animales o
astronómicos, entre otras modalidades.
Cuando los pueblos de la zona comenzaron a
evolucionar en su urbanismo urbano, en torno a los años 70 y 80, aparecieron
las aceras, hasta entonces desconocidas en muchas calles de la comarca. Fue el
momento en que se eliminaron muchos ‘llanos’, que fueron sustituidos por el
acerado destinado al tránsito de peatones.
En el interior, los artesanos serranos
también se esmeraron en la decoración del zaguán, conformando una pieza de la
casa especialmente importante, por ser la de entrada al hogar, que debía
mostrar características especiales.
Fue el tristemente desaparecido
investigador el que publicó un magnífico estudio editado por la Diputación de
Huelva dedicado a los empedrados decorativos de la comarca. Incluso fue él el
que convenció a algunos vecinos para que no eliminasen sus empedrados
interiores, ante la molestia de tener que limpiarlos y adecentarlos a diario.
Además, suponían el primer paso para lo que muchas veces
constituía un extenso corredor empedrado que facilitaba el acceso de las
caballerías hasta el fondo de la vivienda, donde se encontraban habitualmente
las cuadras y establos.
A pesar de que el falso modernismo ha borrado estos empedrados de
muchas de nuestras casas, todavía hay numerosos ejemplos de esta labor en la
que han sobresalido los empedradores serranos.

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