Mª Pilar Sánchez ha escrito un emotivo texto sobre Cortelazor y un libro de cocina que ha publicado:
Cortelazor es un pueblo pequeño, serrano. Tiene una ermita muy blanca en los montes de La
Coronada y un arroyo de agua clara que riega el campo y sus huertas.
Cuando llega el otoño y las primeras lluvias, de la tierra
empapada, entre las hojas de los castaños, brotan hermosos ejemplares de
tentullos, galipiernos, y coloridas tanas que palpitan en las cestas de los
recolectores, junto a las castañas.
Las chimeneas comienzan a humear y las sartenes
se ennegrecen sobre las candelas; en las que, con paciencia, se van picando las
primeras migas. Las ricas migas de pan duro y patatas fritas que se acompañan,
siempre, de sardinas asadas y naranjas cogidas en el naranjo del patio; o bien,
uvas, del emparrado que nos dio sombra durante el verano.
Al calor de la lumbre se pasa también el invierno, donde se
asan las papas y los huevos necesarios para elaborar un rico gazpacho,
aderezado con “culantro”, de ese que ha brotado, junto al perejil, en el huerto.
En la paz y el silencio, solo roto por
el chisporroteo o el crepitar de la leña que continúa ardiendo, se elabora el
queso con la leche tibia de las cabras recién ordeñadas, dejándose acariciar
por la palpitante cuajada. En unos meses
estará curado, justo para cuando brote la primavera.
Con la alegría del mes
de abril, los platos se llenan de flores y miel para endulzar las
Isabelitas, los prestiños y el piñonate. Se llenan las alacenas con esos dulces
que se comparten entre los vecinos.
Poco a poco, se va mitigando el fuego de las candelas, hasta
que irrumpe, sin compasión, el sol de verano en los campos. Es tiempo de soltar el agua de las albercas para regar las
huertas. Se tiñen de color ensaladeras y fruteros, y los rincones de las cocinas se llenan de
cestas colmadas de verduras y hortalizas frescas. Se embotellan los tomates y pimientos asados, para
cuando llegue el largo invierno, ese invierno gris, en el que se aprovecha hasta
cada golpe de sol en búsqueda de las
mejores yerbas para un refrito. Se prenden de nuevo las lumbres para asar las
presas de las matanzas. En un eterno retorno, el ciclo de la vida continúa y en
el pueblo de Cortelazor se nace y se muere, pero el Sabor de la autenticidad permanece.
El Sabor de Cortelazor es un recopilatorio de recetas e
historias, de recuerdos y vivencias de la gente de Cortelazor, que han hecho de
cada página de este libro, toda una invitación a disfrutar el sabor extraordinario
de lo cotidiano.
Los habitantes de este humilde pueblo de la Sierra de
Aracena, en la provincia de Huelva, me regalaron su saber hacer en torno a los fogones, además
de entrañables recuerdos, que he querido recoger en este libro, como un
homenaje a quienes tanto trabajaron para llenarnos el plato cada día. El resultado
es un recetario lleno de alma, reflejo del carácter abierto y acogedor de
quienes habitan por estos parajes serranos.
Es por eso que, El Sabor de Cortelazor, sólo podrás encontrarlo y
degustarlo aquí, entre su gente, en este pueblo pequeño que ofrece a los
paladares una riqueza inmensa.
Escrito por Mª Pilar Sánchez Carrasco.

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